Betty García, una pionera que volvió a la cancha
A los 85 años, una de las grandes referentes del fútbol femenino argentino participó de la charla “Nosotrxs en la cancha” en el Poli de Flores (Cnel. E. Bonorino 897). Allí recordó el histórico Mundial de 1971, los prejuicios que debieron enfrentar las jugadoras de aquella época y recibió emocionada un mural realizado en su homenaje.
Hay historias que el paso del tiempo no consigue borrar. La de Betty García es una de ellas. A los 85 años, aquella futbolista que integró el seleccionado argentino que disputó el Mundial de México 1971 volvió a hablar de una etapa que durante décadas permaneció en un segundo plano, cuando jugar al fútbol siendo mujer significaba desafiar prejuicios, enfrentar obstáculos y abrirse camino prácticamente sin respaldo institucional.
García participó de la charla “Nosotrxs en la cancha”, realizada en el Poli de Flores, en el marco del Día de la Futbolista. La jornada tuvo un significado especial porque, además de compartir sus recuerdos y experiencias con quienes se acercaron al encuentro, la histórica jugadora se encontró con una sorpresa: un mural con su figura, una obra que recupera su imagen y la coloca en el espacio público como parte de la memoria deportiva del barrio.
La emoción de Betty fue inmediata. Frente a la pintura que la representa, pudo comprobar que aquella trayectoria que durante tantos años permaneció lejos de los grandes homenajes hoy forma parte de una memoria colectiva que busca reconocer a las mujeres que hicieron posible el crecimiento del fútbol femenino argentino.
Durante la charla, García volvió sobre uno de los episodios más importantes de su carrera: el Mundial de 1971 disputado en México, una competencia que tuvo como protagonista a un seleccionado argentino que llegó al estadio Azteca para disputar un torneo en condiciones muy diferentes de las que actualmente rodean al fútbol femenino.
Argentina venció entonces a Inglaterra por 4 a 1, en un partido que quedó grabado para siempre en la memoria de quienes participaron de aquella experiencia. Sin embargo, detrás de aquel resultado existió una realidad mucho más dura. Las jugadoras tuvieron que afrontar un contexto marcado por la falta de recursos, escasa preparación y una ausencia prácticamente total de las condiciones profesionales que hoy se consideran indispensables para competir al máximo nivel.
García habló precisamente de esas carencias y de los prejuicios que debieron soportar las futbolistas de aquella generación. Jugar al fútbol no era considerado una actividad natural para las mujeres y muchas veces las protagonistas debían justificar su presencia en una cancha frente a una sociedad que veía ese deporte como un territorio exclusivamente masculino.
En ese escenario, cada entrenamiento, cada partido y cada viaje representaban mucho más que una competencia deportiva. Era también una forma de disputar un lugar. Las jugadoras de aquella selección fueron construyendo, casi sin proponérselo, un antecedente que varias décadas después se convertiría en referencia para nuevas generaciones.
Betty también recordó a sus compañeras, aquellas mujeres con las que compartió la experiencia mexicana y que formaron parte de un seleccionado que debió afrontar enormes dificultades para poder competir. Los nombres y las historias de esas futbolistas constituyen hoy una parte fundamental de la historia del deporte argentino, especialmente en un momento en que el fútbol femenino atraviesa una etapa de mayor reconocimiento y crecimiento.
La presencia de García en Flores permitió, además, establecer un vínculo entre distintas generaciones. Las jóvenes que hoy practican fútbol en clubes, escuelas y espacios deportivos cuentan con oportunidades que sus antecesoras tuvieron que conquistar prácticamente desde cero. El camino que recorrieron aquellas pioneras fue largo y estuvo lleno de obstáculos, pero dejó una huella que permanece.
Por eso el mural tiene un significado que excede el homenaje individual. Representar a Betty García en una pared de un polideportivo implica darle visibilidad a una parte de la historia del fútbol que durante mucho tiempo no ocupó el lugar que merecía. También significa acercar esa historia a quienes transitan diariamente el espacio y, especialmente, a las nuevas generaciones de deportistas.
La charla “Nosotrxs en la cancha” se convirtió así en una oportunidad para escuchar en primera persona los recuerdos de una protagonista. García habló del Mundial, de sus compañeras, de los momentos difíciles y también de los sueños que pudo cumplir. Pero, sobre todo, permitió comprender cuánto tuvo de pionera aquella decisión de jugar al fútbol en una época en la que hacerlo siendo mujer implicaba romper con mandatos profundamente instalados.
Aquel triunfo frente a Inglaterra en México sigue siendo uno de los capítulos más recordados del fútbol femenino argentino. Con el paso del tiempo, la dimensión de aquella hazaña se vuelve todavía más evidente: las jugadoras no contaban con las herramientas, la infraestructura ni el reconocimiento que hoy rodean al deporte, pero consiguieron dejar una marca que sobrevivió a décadas de indiferencia.
A los 85 años, Betty García vuelve a contar esa historia. Y esta vez lo hace frente a un mural que lleva su rostro y su recuerdo. Una imagen que queda en Flores como testimonio de una época y como reconocimiento a quienes, mucho antes de que el fútbol femenino tuviera la visibilidad actual, se animaron a entrar a la cancha.
Betty García abrió camino. Y que su figura pueda ser reconocida, recordada y vista por las nuevas generaciones es también una manera de recuperar una historia que merece ocupar un lugar destacado en la memoria deportiva argentina.
“Gracias Betty por abrir camino” fue el mensaje que acompañó el homenaje. Una frase sencilla que resume el sentido de una jornada en la que pasado y presente se encontraron en una cancha de Flores, allí donde una nueva generación pudo conocer, de boca de una de sus protagonistas, cómo empezó a escribirse una parte fundamental de la historia del fútbol femenino argentino.
