Suspendieron el desalojo de una sinagoga en Flores

La Policía de la Ciudad había desplegado un operativo para cumplir una orden judicial que disponía la entrega del inmueble ubicado en Helguera 270. Cerca de 30 fieles permanecieron dentro del templo durante varias horas, acompañados por un rabino. Finalmente, el juzgado decidió suspender la medida y abrió un nuevo escenario para el conflicto.

La mañana comenzó con tensión en Flores, donde un grupo de fieles permaneció dentro de una sinagoga ubicada en Helguera 270 para resistir una orden judicial de desalojo. El procedimiento había sido dispuesto en el marco de una disputa civil por la posesión del inmueble y movilizó desde temprano a efectivos de la Policía de la Ciudad, que aguardaron en las inmediaciones para cumplir con la resolución.

Sin embargo, después de varias horas de incertidumbre, el desalojo fue finalmente suspendido. La decisión modificó el escenario que se había planteado durante la mañana y permitió que los aproximadamente 30 fieles que permanecían dentro del templo continuaran en el lugar, mientras se abre una nueva instancia en torno al conflicto por la propiedad y el uso del edificio.

El operativo se inició a partir de una resolución del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil N° 99, a cargo del juez Camilo Jorge Almeida Pons, dentro del expediente 65521/2026. La medida judicial había otorgado la posesión del inmueble a uno de los grupos que intervienen en el litigio, luego de un fallo favorable en el juicio civil.

El otro sector, que continúa utilizando el inmueble como templo, se negó a abandonarlo. Esa decisión generó la intervención de las autoridades y derivó en un operativo que se extendió durante buena parte de la mañana.

La presencia policial fue visible desde temprano. Cuatro patrulleros fueron apostados en las inmediaciones de la sinagoga y la calle permaneció momentáneamente cerrada, mientras efectivos aguardaban la evolución de la situación. También se hizo presente personal de la Policía Federal.

En medio del operativo, un oficial de Justicia ingresó en contacto con las personas que permanecían dentro del templo y logró establecer un canal de diálogo. El objetivo fue evitar que la ejecución de la orden derivara en un enfrentamiento y, al mismo tiempo, garantizar que los fieles pudieran completar sus prácticas religiosas.

En ese momento se acordó conceder un tiempo prudencial para que los fieles concluyeran sus rezos antes de avanzar con la medida. Desde la Policía de la Ciudad señalaron que la intención era cumplir con la orden judicial, pero procurando hacerlo de manera respetuosa y evitando situaciones de violencia.

La situación, no obstante, permaneció cargada de tensión. Cerca de las 9.42, los casi 30 fieles y un rabino continuaban dentro del edificio. En el exterior se concentraban policías, comerciantes y personas vinculadas con la comunidad.

Vamos a avanzar con el desalojo”, había señalado un oficial durante las primeras horas, cuando todavía no estaba definido cuál sería el desenlace del procedimiento.

La resistencia se sustentó también en el fuerte valor religioso y comunitario que los ocupantes atribuyen al lugar. Un hombre que se presentó ante la prensa como presidente del templo sostuvo que el inmueble tiene una historia de alrededor de siete décadas y afirmó que su familia se encontraba vinculada con la compra del edificio desde generaciones anteriores.

Mis abuelos y mis padres fueron los compradores del inmueble”, afirmó. Según su relato, dentro de la sinagoga se encontraban también hijos y nietos de quienes consideraba sus legítimos propietarios.

El hombre sostuvo además que la comunidad había recibido información sobre la necesidad de abandonar el lugar apenas cinco meses atrás y manifestó su rechazo a la posibilidad de que el templo dejara de funcionar.

La disputa por la propiedad se mezcló así con una dimensión religiosa y afectiva que quedó expuesta durante el operativo. Para los fieles que permanecían dentro, no se trataba simplemente de un inmueble en litigio, sino de un templo con décadas de historia y un espacio de reunión para la comunidad.

La tensión llegó a tal punto que, cerca de las 10.35, debió concurrir una ambulancia del SAME luego de que uno de los fieles que permanecían dentro del edificio sufriera una descompensación.

En ese contexto, Viviana Broitman, abogada y una de las personas que participaban de la resistencia, habló con los medios y describió el estado emocional de quienes se encontraban dentro de la sinagoga. “Hay mucha angustia acá de gente que está conectada con esta comunidad desde que levantaron estos cimientos. No queremos que se produzca el desalojo”, expresó.

La situación cambió después de las 11 de la mañana. Cuando todo parecía encaminado hacia la ejecución de la medida, el juez decidió suspender la orden de desalojo.

La noticia fue recibida con alivio por los fieles que permanecían dentro del templo. “Es una alegría porque era la justicia”, expresó uno de ellos al conocer la decisión.

El hombre que se presentó como presidente de una de las partes también confirmó el cambio de escenario y sostuvo que había recibido la información de que el propietario y comprador había intervenido ante la situación generada por la permanencia de los fieles.

Según su explicación, la continuidad de las oraciones habría sido determinante para modificar el desenlace inmediato. “Esta propiedad no va a cerrar. Y va a ser continuada por los rezos”, afirmó ante la prensa.

La suspensión del desalojo no significa, necesariamente, que el conflicto por la propiedad haya quedado resuelto. La disputa judicial continúa y deberá determinarse el futuro del inmueble, mientras ambas partes mantienen posiciones enfrentadas respecto de la titularidad y la utilización del espacio.

El episodio dejó además expuesta una situación particularmente sensible: la ejecución de una resolución judicial sobre un edificio que durante décadas funcionó como lugar de culto y que mantiene fuertes vínculos con una comunidad religiosa.

Para quienes se encontraban dentro, el templo representa una parte de su historia familiar y comunitaria. Para la otra parte del litigio, la discusión se encuentra atravesada por los derechos derivados de la propiedad del inmueble y por la resolución judicial que había ordenado su entrega.

La intervención del oficial de Justicia y la posterior decisión de suspender la medida permitieron evitar un desalojo que, por las características del caso, podía generar una situación de mayor tensión. La prioridad durante la mañana pasó de ejecutar inmediatamente la orden a preservar el diálogo y evitar incidentes, mientras se aguardaba una definición judicial.

Por ahora, la sinagoga de Helguera 270 continúa abierta y los fieles pudieron permanecer en el lugar. La orden de desalojo quedó suspendida y el conflicto ingresó en una nueva etapa.

El episodio, ocurrido en pleno corazón de Flores, volvió a mostrar cómo una disputa judicial puede adquirir una dimensión mucho mayor cuando el inmueble involucrado no es solamente una propiedad, sino también un espacio religioso, comunitario y cargado de memoria para varias generaciones.

La imagen final de la jornada fue muy distinta de la que se había previsto durante las primeras horas: en lugar de un edificio desalojado y cerrado, los fieles continuaron dentro del templo y las autoridades se retiraron a la espera de nuevas definiciones.

La sinagoga seguirá funcionando, al menos por ahora, mientras la Justicia deberá resolver los próximos pasos de un conflicto que combina derechos de propiedad, una larga historia comunitaria y la continuidad de un lugar de culto que sus fieles se niegan a abandonar.

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