El crimen de ser pobre, aun siendo un niño: violencia policial en Flores

El martes 14 de octubre en la esquina de Rivadavia y Artigas, en el barrio porteño de Flores, se vivió una escena que dejó una marca profunda en la comunidad. Al caer la tarde, un tumulto se formó entre gritos de protesta y el sonido de camionetas policiales mal ubicadas. Un grupo de agentes, algunos con escudos y otros sin identificación visible, rodeaban una escena que generó conmoción y rechazo en los vecinos.

En el centro de esta situación, un hombre y una mujer esposados, encerrados en un cerco formado por la policía, con un niño de apenas 10 años en medio de ellos. El niño, que no vestía guardapolvo ni uniforme de escuela privada, parecía desorientado pero consciente de la injusticia que presenciaba. Según los relatos de los testigos, el hombre fue detenido por vender paltas en la vía pública, mientras que la mujer intentaba defenderlo, enfrentando así la violencia estatal. El niño, por su parte, no estaba en la escuela ese día, y la comunidad aún desconoce qué le espera.

Este episodio refleja la cruda realidad de muchos barrios vulnerables de Buenos Aires, donde la pobreza y la lucha por subsistir son criminalizadas de manera despiadada. La contraposición entre la sobrevivencia cotidiana y la violencia institucional marca una ironía devastadora: ser pobre se convierte en motivo de represión y exclusión.

Los vecinos, a través de sus gritos y protestas, manifestaron su indignación ante lo que perciben como un abuso de poder y un ataque a quienes solo buscan ganarse la vida de forma honesta. La imagen de ese niño atrapado en el medio de una situación tan dura ha generado un llamado urgente a la reflexión social y política sobre la manera en que se trata a los sectores más vulnerables.

Este crimen no es solo de un día ni de un barrio: es el resultado de un sistema que reproduce desigualdades y castiga a quienes menos tienen. Por eso, los vecinos, las organizaciones sociales y los ciudadanos en general deben alzar la voz y exigir un cambio profundo. El llamado es claro: tenemos que parar esto. Defender la dignidad de todos es una deuda pendiente de nuestra ciudad.

La historia, triste y verdadera, no debe quedar en un simple relato; debe ser el motor para transformar la realidad y construir un futuro donde niños como ese, que apenas entienden la injusticia que los rodea, puedan crecer con derechos garantizados y sin miedo.

Como afirma la nota de Periodismo de Izquierda “Parece un cuento corto de Galeano, pero es la realidad que toca vivir en la ciudad de Buenos Aires donde ser pobre y rebuscarse para poder generar el mango nos convierte en criminales. Una ironía de los tiempos que corren. Tenemos que parar esto”.

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