El testimonio de Pedro Opeka inspiró a la comunidad de Parque Chacabuco
La parroquia y santuario Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa fue el escenario de una concurrida celebración eucarística encabezada por el padre Pedro Opeka, sacerdote argentino reconocido por su extensa labor solidaria en Madagascar. El encuentro tuvo lugar el 4 de noviembre y reunió a numerosos fieles, quienes participaron activamente de la misa celebrada en el corazón de Parque Chacabuco.
Durante la homilía, el padre Opeka compartió vivencias de su misión social y pastoral en África, haciendo especial hincapié en la importancia de una fe que se manifieste en gestos concretos de ayuda y empatía hacia los demás. Con un mensaje profundo y cercano, alentó a los presentes a asumir el desafío de transformar la realidad desde el amor y el compromiso personal.
Opeka relató su llegada a Madagascar, país profundamente golpeado por la pobreza, y rememoró el inicio de su trabajo junto a los más vulnerables. Señaló cómo el proyecto Akamasoa, nacido en un antiguo basural, evolucionó hasta convertirse en una comunidad donde miles de familias acceden a mejores condiciones de vida. En su mensaje destacó que “cada acto de solidaridad tiene el poder de generar esperanza y reconstruir el tejido social”.
En su discurso, el sacerdote evocó el momento en que dejó Argentina en busca de nuevos horizontes, transmitiendo la mezcla de nostalgia y entusiasmo que define la vocación misionera: el deseo de servir y llevar el Evangelio a quienes más lo necesitan.
El padre Opeka narró que el proyecto Akamasoa, que en lengua malgache significa “buenos amigos”, surgió como respuesta a las necesidades de quienes vivían en condiciones extremas y logró, gracias al esfuerzo comunitario, transformarse en un verdadero movimiento de solidaridad y esperanza.
La celebración tuvo momentos de gran emotividad, donde el testimonio de vida y la confianza en la Providencia renovaron la motivación de la comunidad local. El padre Opeka instó a “convertirse en constructores de esperanza”, afirmando que es posible soñar y trabajar por un mundo más justo cuando se vive la fe comprometida en la acción cotidiana.
Al finalizar, la comunidad expresó un sentido agradecimiento por su visita y mensaje, remarcando el valor de la entrega misionera como motor de cambio y renovación espiritual.
