Jorge Macri cierra 40 comedores en el zona sur: organizaciones denuncian hostigamiento y hambre
El Gobierno porteño, encabezado por Jorge Macri, sacudió la zona sur de Buenos Aires la semana pasada al clausurar 40 comedores populares que tildó de “irregulares” o “fantasma”. La medida, que afecta la distribución de más de 5.000 porciones diarias de vianda, surge tras auditorías que detectaron falencias en la rendición de cuentas. Organizaciones como el Movimiento Popular La Dignidad, que gestionaba varios de los locales intervenidos, claman persecución política y achique de subsidios, en un pulso que tensa el tejido social de barrios como Parque Chacabuco y la villa 1-11-14 en Bajo Flores
La decisión cayó como balde de agua fría en un diciembre donde la inflación aprieta los bolsillos de los más vulnerables. Fuentes del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat porteño confirmaron que los cierres responden a inspecciones que no hallaron actividad real en la mayoría de los puntos. Medios independientes recorrieron tres de ellos: en dos, puertas cerradas y silencio total; pero en un tercero, a metros de la villa 1-11-14, la cocina humeaba con ollas al fuego. Ahí, los operadores de La Dignidad juran que siguen asistiendo a cientos, aunque el Gobierno les reprocha no poder probar adónde fue a parar gran parte de la comida subsidiada.
El caso más llamativo es el comedor “Olla Talleres”, en Zelarrayán al 1800, Parque Chacabuco. Un cartel casero clavado en la reja grita: “El Gobierno cortó la comida en 40 comedores. Jorge Macri, asumí la responsabilidad”. Dentro del galpón que hace las veces de depósito central, dirigentes de La Dignidad explican a LA NACION que el lugar repartía raciones no solo a quienes llegaban por ayuda espontánea, sino a otros puntos como “La 29”, uno de los cuatro bajos en la villa 1-11-14 que quedaron fuera de la lista oficial por “falta de trazabilidad”.
Desde el Ejecutivo defienden la movida como un saneamiento necesario: “No podemos seguir financiando estructuras vacías mientras hay necesidades reales en los barrios”, argumentan. La organización, por su lado, habla de “caza de brujas” y reducción abrupta en los fondos, que los dejó a media máquina. En Parque Chacabuco, vecinos divididos comentan el quilombo: unos aplauden el control del gasto público; otros temen que los pibes queden sin plato caliente en vacaciones.
El conflicto no es aislado. La Dignidad venía alertando días antes sobre un “achique sistemático” que los asfixiaba. Ahora, con los comedores bajo llave, el debate se traslada a la calle: ¿fueron realmente fantasmas o un tajo al tejido solidario del sur? Mientras, el Ministerio promete reasignar los recursos a centros verificados, pero en Zelarrayán y la 1-11-14, la bronca hierve. En tiempos de fin de año, donde la solidaridad barrial es salvavidas, este cierre deja un sabor amargo en el sur porteño.
