Bomberos de Flores: 120 años de servicio y memoria en la Estación VII

La Estación VII de Bomberos de la Ciudad, ubicada en el barrio de Flores, celebró su 120.º aniversario con un emotivo acto que combinó historia, reconocimiento y compromiso hacia el futuro. En la actualidad, más de 100 hombres y mujeres integran esta dotación, que mantiene viva la herencia de quienes levantaron el cuartel a comienzos del siglo XX y sostienen, día a día, la misión de proteger la vida y los bienes de la comunidad.​

El homenaje se realizó el viernes 12 de diciembre en la tradicional sede de Ramón L. Falcón 2285, con la participación de autoridades del área de emergencias, mandos del Cuerpo de Bomberos, representantes de Defensa Civil, organizaciones barriales y vecinos que se acercaron para acompañar la conmemoración. Entre los presentes estuvieron el subsecretario de Emergencias, el jefe del Cuerpo, el director de Defensa Civil y el jefe de la Estación VII, quienes destacaron el rol estratégico del cuartel en la red de respuesta de la Ciudad.​

Durante la ceremonia se subrayó que la Estación VII no es solo un edificio operativo, sino un símbolo de identidad para Flores. Cada sirena, cada salida, cada guardia nocturna forma parte de una historia compartida entre bomberos y vecinos, que se expresa tanto en grandes intervenciones como en pequeñas asistencias cotidianas. Ese vínculo comunitario fue uno de los ejes del acto, en el que no faltaron aplausos, recuerdos y agradecimientos a las generaciones que pasaron por el cuartel.​

El nacimiento de la Estación VII se remonta a fines del siglo XIX, cuando un voraz incendio en una mercería de Flores, en 1898, dejó al descubierto las limitaciones de un sistema que contaba apenas con dos cuarteles para cubrir una Ciudad en expansión. La distancia con el centro y la falta de respuesta rápida frente a grandes siniestros motivaron un cambio de paradigma: era indispensable acercar los bomberos a los barrios.​

El impulso decisivo lo dio el coronel José María Calaza, figura clave en la historia del Cuerpo, quien promovió la descentralización de los servicios y tomó la iniciativa de invertir recursos propios para concretarla. En 1901 adquirió el terreno donde se levantaría la Estación VII; un año más tarde comenzó la construcción de un edificio pensado al detalle para las necesidades operativas de la época, con planta baja destinada a material y caballerizas, un mirador central para divisar columnas de humo a la distancia y una planta superior para alojar a la guardia inicial de 25 hombres.​

La inauguración oficial del cuartel se realizó el 22 de octubre de 1905, en un acto que convocó a autoridades y vecinos, y marcó un antes y un después en la cobertura de incendios y emergencias en Flores y barrios cercanos. Desde entonces, la Estación VII acompañó cada etapa de modernización del Cuerpo, pasando de las primeras unidades a vapor a vehículos motorizados que hoy forman parte de la memoria colectiva del barrio.​

Entre las unidades históricas se recuerdan “La Calaza”, máquina a vapor puesta en servicio en 1905, la francesa Delaye incorporada en 1911 y la inglesa Leyland de 1936, que simbolizan la evolución tecnológica al servicio de la protección civil. A lo largo de las décadas se consolidó, además, una tradición cargada de significado: cada vehículo nuevo es bautizado con el nombre de un bombero caído en cumplimiento del deber, de modo que en cada salida también viaja el recuerdo de quienes entregaron su vida por los demás.​

Lejos de quedar anclada en el pasado, la Estación VII sigue siendo hoy una pieza clave del sistema de emergencias porteño. En el último año registró 1.685 intervenciones, una cifra que refleja la intensidad del trabajo diario y la diversidad de situaciones que enfrenta su personal: incendios estructurales, rescates, incidentes en vía pública, derrames, asistencia en eventos masivos y apoyo a otras fuerzas.​

Con más de un centenar de bomberos y bomberas en su dotación, el cuartel combina experiencia y nuevas camadas formadas bajo estándares modernos de capacitación, seguridad operativa y perspectiva de género. El aniversario, en este sentido, sirvió también para poner en valor el esfuerzo de quienes entrenan, estudian y se perfeccionan constantemente para responder en minutos cuando una sirena convoca a salir a la calle.​

En su discurso, el jefe de la Estación VII subrayó que este aniversario invita a mirar hacia atrás con respeto y gratitud, reconociendo el esfuerzo, la valentía y el sacrificio de las generaciones que forjaron la historia del cuartel. Cada página de ese recorrido, remarcó, está escrita con el trabajo silencioso de quienes supieron dejar todo por el bienestar de la comunidad.​

Al mismo tiempo, planteó que la mejor manera de honrar ese legado es proyectarlo hacia adelante, manteniendo encendida la vocación de servicio y el compromiso con los vecinos de Flores. “Hoy celebramos no solo una fecha, sino el compromiso de seguir sirviendo con la misma pasión y entrega”, expresó, sintetizando el espíritu de una Estación que, 120 años después de su fundación, continúa siendo sinónimo de presencia, confianza y respuesta ante cada emergencia.

 

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