Bajo Flores entra en la historia: emociona el lanzamiento del Archivo de la Memoria

Con lluvia torrencial afuera y el salón colmado adentro, el sábado al mediodía se presentó el Archivo de la Memoria del Bajo Flores en la Parroquia Santa María Madre del Pueblo, Manzana 3 Casa 1, del barrio Padre Ricciardelli –antes Villa 1-11-14–. Vecinos de todas las edades, desde los pioneros que forjaron el barrio hasta los pibes de hoy, se reunieron para celebrar esta iniciativa que rescata la voz colectiva de un rincón olvidado del sur porteño. Figuras clave del pasado y presente sellaron un pacto generacional: poner el Bajo Flores en el mapa histórico de Buenos Aires.

El proyecto, impulsado por un equipo de compañeros que meses atrás empezó a tejer este mosaico de recuerdos, busca armar la crónica barrial de manera participativa. La web www.archivobajoflores.com funciona como plataforma abierta: cualquier vecino puede subir fotos, videos o anécdotas para nutrir el archivo. “Es una herramienta viva, comunitaria, para fortalecer nuestra identidad”, destacaron los organizadores, aplaudidos por un público que ovacionó el esfuerzo pese al diluvio. Un reconocimiento especial fue para quienes garabatearon noches enteras digitalizando reliquias familiares.

El Bajo Flores emerge como protagonista de su propia epopeya: desde las márgenes pantanosas de antiguas lagunas hasta la promesa eterna de urbanización que nunca llega. A diferencia de Palermo o Belgrano, con bibliotecas repletas de relatos glamorosos, este barrio sureño carece de libros que narren su génesis. Autoconstruido por sus habitantes, multicultural y desprovisto de cloacas o asfalto pleno, resiste como emblema de lucha. El espíritu del Padre Rodolfo Ricciardelli, cura combativo que defendió a los desalojados, impregna cada pixel del archivo, contraponiéndose a las miradas sesgadas de los grandes medios.

Recopilando aportes de instituciones y cientos de familias, el sitio ya alberga imágenes de los albores, el auge poblacional y la cotidianidad actual. Muestra el empuje colectivo por un hogar digno: fiestas patronales improvisadas, marchas contra la erradicación, el olor a locro en ollas populares. En un 2025 donde el sur de la Ciudad clama por inclusión, este archivo digitaliza la resistencia: “Contamos la historia desde adentro, no desde los diarios”, afirman sus creadores.

El lanzamiento vibró con testimonios crudos: abuelas recordando inundaciones del 87, jóvenes compartiendo videos de murales Ricciardelli. Ahora, la invitación es masiva: si guardás Polaroids amarillentas de los 70, filmaciones de kermeses parroquiales o cuentos de superación migrante, sumate vía mail o redes. El Bajo Flores, con su alma villera y su orgullo intacto, reclama su capítulo en la gran narrativa porteña.

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