Marixa Balli apaga las luces de su tienda en Flores: “La crisis nos hizo polvo”
Marixa Balli, tiró la toalla con su negocio de ropa Xurama en Flores: el local de la esquina Nazca y Avellaneda ya no abre. La decisión, amarga y forzada, responde a un 2025 de ventas por el piso, donde “la gente ni pisa la vereda”, según su propio desahogo en un ciclo matutino.
“Fue el año más negro desde que me metí en esto. Flores está muerto: cerré el de Bogotá porque no pasa un alma. Nadie deambula, nadie afloja la cartera. Están con los nervios de punta y uno se quiebra”, largó Balli, con la voz quebrada por la rabia. La zona, epicentro comercial de la Comuna 7 con sus 150.000 habitantes, padece una hemorragia de locales: según la Cámara de Comercio porteña, 25% de los rubros textil cerraron en 2025, golpeados por inflación al 120% y salarios que no llegan.
Pese a haber capotado tormentas económicas pasadas –del corralito a la pandemia–, esta vez tocó fondo. “Rescindí todos los contratos laborales, obvio. Tengo gente a cargo desde 2005, pero jamás un cierre así, de golpe”, confesó la empresaria, que ahora liquida stocks en un puñado de locales chiquitos sobre Rivadavia. “Todo en saldo final, porque quiero virar de giro: basta de indumentaria, que ya no da para más”.
Flores, barrio de conventillos y ferias bravas como la de La Carbonilla, refleja la debacle nacional: el consumo minorista cayó 18% interanual según INDEC, con pymes como Xurama en la cuerda floja. Balli no es caso único; ferreterías y panaderías de Nazca y Directorio también bajan persianas. “La bronca de la gente se siente en cada puerta: entran, miran y se van”, graficó, pintando un panorama donde el humor social pesa tanto como los números rojos.
Mientras liquida lo que queda –zapatillas y prendas a precio de remate–, la panelista evalúa horizontes nuevos, quizás volviendo a los escenarios o algo digital. Su cierre suma a la ola de 500 comercios caidos en la Ciudad el año pasado.
