Avenida Avellaneda: el histórico polo textil de Flores enfrenta cierres masivos y caída de ventas
La Avenida Avellaneda, uno de los centros comerciales de indumentaria más emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires, atraviesa una fuerte caída de ventas y un creciente cierre de locales, lo que refleja un cambio profundo en los hábitos de consumo y en la dinámica comercial de la zona.
Comerciantes y vecinos coinciden en que la transformación es notoria: pasillos que antes se llenaban de compradores ahora muestran carteles de “Se alquila” y locales vacíos. La disminución del flujo de clientes no solo afecta a los minoristas, sino también a galerías y comercios mayoristas que históricamente dependían de tours de compradores provenientes del Interior del país y de países vecinos como Uruguay y Brasil.
“El gran problema es que antes venía mucho tour de compras del Interior y ahora no. Hoy, los micros no ingresan hasta acá, nos dejan en Dellepiane y la gente tiene que caminar con las bolsas varias cuadras”, relató Elio M., de la zapatería Sancar, ubicada en la intersección de Avellaneda y Bogotá. Con 26 años de experiencia en el rubro, coincidió en que la diferencia entre la actividad de antes y la actual es abismal.
Varios comerciantes destacan que la competencia de las plataformas de venta online, especialmente aquellas que comercializan ropa china como Shein, ha impactado fuertemente en las ventas presenciales. “Las ventas vienen muy bajas desde el año pasado. La gente ya no viene a comprar, compra todo desde la casa”, señaló Iván, propietario de Blanquera Riveros. Según indicó, incluso en temporadas tradicionalmente fuertes, como diciembre, el tránsito de clientes disminuyó notablemente.
El efecto se refleja también en la estructura de los negocios. Algunos locales han cerrado, otros han reducido su cantidad de empleados y los costos fijos —impuestos, alquileres y servicios— dificultan sostener los comercios abiertos. “Somos propietarios, estamos acá desde 2011, y hoy no puedo ni pagar la luz. Los impuestos son muy altos y nos está costando”, expresó Elisa, comerciante de una galería ubicada en Avellaneda 2771.
A esto se suma un cambio cultural en la forma de comprar ropa. Las redes sociales y las ventas online permitieron llegar a un público más amplio, pero también disminuyeron el flujo de compradores que se acercan físicamente. “Llegamos a gente que quizá no conocía la marca, pero no es lo mismo ver el material o la calidad que comprar por una foto”, advirtió María Isabel Mamani, encargada del local CLV.
Según estimaciones de los comerciantes de la zona, entre enero y febrero se habrían cerrado más de 280 locales, un reflejo del impacto generalizado que atraviesa este polo textil. Oscar Marinelli, dueño de la marca Longboard, aseguró que se trata de una combinación de factores: caída del consumo, incremento de ventas online, costos operativos altos y la menor llegada de compradores del Interior.
La situación actual de la Avenida Avellaneda marca un punto de inflexión para uno de los corredores textiles más importantes de la Ciudad, cuyo futuro dependerá de la capacidad de adaptación de los comerciantes y de estrategias que permitan recuperar el interés de los compradores presenciales frente al crecimiento del comercio digital.
El panorama refleja que la transformación del comercio en Flores no es solo un fenómeno local, sino un síntoma de cambios más amplios en el consumo urbano y en la forma en que los porteños y turistas adquieren indumentaria, con un claro desafío para los históricos negocios del barrio.
