Flores: la huerta del CFP 24 impulsa un modelo sustentable que integra educación, reciclado y producción de alimentos

Con la llegada de la temporada otoño-invierno, el CFP 24 de Flores puso en marcha una nueva etapa de trabajo en su huerta comunitaria, consolidando una propuesta que combina aprendizaje, conciencia ambiental y producción de alimentos. Lejos de limitarse a una actividad complementaria, el proyecto se presenta como un eje transversal que articula distintas áreas de formación dentro de la institución.

Acompañados por la docente Silvia, estudiantes de diversos cursos participaron en la preparación de los canteros y en el trasplante de especies de estación, entre ellas lechuga, arvejas, habas, brócoli y repollo. Estas tareas, propias del calendario agrícola, marcan el inicio de un nuevo ciclo productivo que, sin embargo, forma parte de un proceso más amplio que excede lo visible en la tierra.

Uno de los pilares de la iniciativa es la gestión responsable de los residuos. A través del Programa de Gestión Integral de Residuos Institucionales (GIRSI), la comunidad educativa lleva adelante la separación en origen, clasificando los desechos generados en el ámbito escolar. Esta práctica no solo promueve hábitos sustentables, sino que también se integra a la formación técnica de los estudiantes.

En ese marco, los materiales plásticos son derivados al curso de reciclado, donde se procesan y reutilizan con fines educativos, mientras que los residuos orgánicos se destinan a la compostera comunitaria. Allí se inicia un proceso de transformación que convierte los restos en abono natural, utilizado posteriormente para nutrir la huerta.

El circuito se completa con la articulación con el área de Gastronomía. Parte de la producción obtenida, como las calabazas cultivadas en ciclos anteriores, se incorpora a las prácticas culinarias, donde los estudiantes elaboran distintos platos a partir de materias primas generadas en la propia institución. De este modo, se configura un recorrido que va del aula al cultivo y del cultivo al plato.

Desde el CFP 24 destacan que este enfoque responde a una política de cuidados que se traduce en acciones concretas, promoviendo la participación activa de toda la comunidad educativa. La propuesta no solo apunta a la adquisición de conocimientos técnicos, sino también a la construcción de valores vinculados al respeto por el ambiente y el trabajo colectivo.

En ese sentido, desde la institución recuerdan la importancia de sostener este circuito mediante prácticas cotidianas responsables, como la correcta disposición de los residuos en los contenedores correspondientes. “Este proceso es posible gracias al compromiso de todos”, señalan, subrayando el carácter colectivo de una experiencia que busca consolidarse como modelo de educación ambiental en el ámbito de la formación profesional.

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