“Bajo Flores vivió un clásico sin fútbol y con mucho fastidio: San Lorenzo y Huracán igualaron 0-0 entre polémicas y errores”
En el Bajo Flores, en el histórico estadio Pedro Bidegain, se vivió una nueva edición del clásico de barrio más grande del mundo, que enfrentó a San Lorenzo y Huracán en la séptima fecha del Torneo Clausura 2025. El clásico terminó sin goles, 0-0, en un partido marcado por la discreta calidad futbolística, la tensión permanente y el rechazo de los hinchas del Ciclón, quienes se mostraron profundamente insatisfechos con el rendimiento de su equipo.
El encuentro tuvo un comienzo intenso y disputado, pero pronto el juego perdió fluidez y se convirtió en una lucha ríspida y cortada, con pocos momentos de claridad deportiva. La visita, Huracán, comenzó dominando la posesión, aunque sin generar peligro real hasta que, a los 26 minutos, Luciano Giménez protagonizó una actitud irresponsable y violenta al propinar un codazo a Ignacio Perruzzi. El árbitro Nicolás Ramírez, que estuvo cerca de la acción, no dudó en expulsar al jugador del Globo, dejando a su equipo con diez jugadores durante casi tres cuartos del partido.
Esta expulsión no fue la única polémica arbitraria que levantó críticas. Ramírez mostró un desempeño cuestionable, con decisiones poco claras que contribuyeron a caldear los ánimos y a que el partido, lejos de mejorar, se empantanara aún más. Uno de los momentos más discutidos fue la anulación de un penal para San Lorenzo por un fuera de juego detectado por el VAR, generando aún más malestar entre los seguidores locales.
En cuanto al juego, San Lorenzo intentó tomar la iniciativa en la segunda mitad, adelantando líneas y buscando el arco rival, pero careció de un conductor claro que pueda darle aire y cohesión al ataque. Los acercamientos terminaban casi siempre en acciones individuales sin resolución, reflejando el bajo nivel futbolístico desplegado.
Huracán, por su parte, se replegó defensivamente, apostando a un contraataque que estuvo cerca de dar resultado. A los 36 minutos del segundo tiempo, Matías Tissera tuvo una chance inmejorable de abrir el marcador con un mano a mano frente al arquero paraguayo Orlando Gil. Sin embargo, en una jugada que podría haber cambiado la historia del clásico, su disparo se fue ancho por centímetros, sumando frustración al equipo y a su afición.
El empate sin goles deja un sabor amargo, especialmente para los hinchas del Ciclón, quienes esperaban más de un equipo que atraviesa tantos problemas institucionales y deportivos. A la falta de fútbol se suma el fastidio generado por la irresponsabilidad de Giménez, cuya expulsión condicionó todo el encuentro, y la mala actuación del árbitro Ramírez, que fue blanco de críticas tanto dentro como fuera de la cancha.
Así, el clásico fue un reflejo fiel de la situación que hoy atraviesa San Lorenzo: poco fútbol y mucho fastidio. Queda la sensación de que, si bien no faltaron las ganas, el equipo necesita urgentemente encontrar ideas claras, ya que el seguir sumando puntos es fundamental para sostener sus aspiraciones en la tabla, pero debe hacerlo con mejor juego e intensidad.
En tanto, Huracán se mantiene firme en sus aspiraciones dentro del torneo, pese al amargo sabor de desperdiciar una gran ocasión a fuerza de un juego defensivo y poco ambicioso tras la expulsión del delantero de punta.
El clásico de barrio más grande del mundo terminó reinando la polémica y la impotencia en una fría tarde de Bajo Flores, dejando a ambas parcialidades con la misma deuda: espectáculo y resultados que merecen sus colores y la pasión que despiertan.
