Florecen los rosedales porteños
En la Ciudad de Buenos Aires hay lugares y rincones donde el perfume de las flores, el color de los senderos y el sonido de los pájaros transforman un paseo común en una experiencia distinta. Y entre esos espacios, los rosedales tienen un encanto especial. Son pequeñas joyas ocultas en distintos barrios porteños, para desconectarse de la rutina sin salir de un entorno urbano.
El mejor momento para visitarlos es entre septiembre y noviembre, en el auge de la primavera, cuando el florecimiento de rosas alcanza su punto máximo. Cada parque tiene su historia, su estilo y sus particularidades, pero todos comparten la misma esecencia, un ambiente ideal para caminar, descansar y disfrutar del aire libre.
Si estás buscando una salida distinta, gratuita, al aire libre y rodeada de naturaleza, estos son los tres rosedales más lindos de Buenos Aires que vale la pena visitar esta primavera.
En el corazón del barrio de Parque Chacabuco, un clásico pulmón verde porteño de 22 hectáreas, se encuentra otro rincón ideal para los amantes de las flores. El Rosedal del Parque Chacabuco bordea el parque principal y reúne más de 1.000 rosales de diferentes especies, en un entorno más íntimo y barrial que los otros dos.
Este espacio fue renovado en 2016 gracias a la colaboración de la Asociación Coreana en Argentina, que incluso dejó su marca en el diseño debido que uno de los canteros reproduce el logo de la institución con flores, un detalle que lo convierte en un punto muy fotografiado.
Además de los rosales, el parque ofrece otras actividades entre las que se encuentran un anfiteatro, una pista de atletismo, un natatorio y varios monumentos históricos. Todo esto lo vuelve ideal para una tarde completa de paseo al aire libre, con propuestas que van más allá del simple recorrido floral.
