Fin de semana a puro fútbol infantil y comunidad en los clubes de barrio

Un fin de semana entero giró alrededor de la pelota y la vida de club en el sur de la Ciudad. Entre torneos multitudinarios y cierres de temporada, el fútbol infantil volvió a demostrar que sigue siendo una herramienta clave de inclusión, encuentro y contención para cientos de chicos y chicas de los barrios.

Según informó el comunero Leonardo Militello, uno de los momentos más destacados fue el torneo realizado en el Club Daom, que reunió a alrededor de 250 pibes en una jornada que combinó deporte, familia y barrio. El encuentro fue impulsado por Richard y por el Club Unión Bajo Flores, que convocaron a participar a instituciones históricas y escuelas de fútbol de la zona, consolidando un verdadero festival deportivo. Las tribunas se poblaron de camisetas, banderas y bombos, en un clima de fiesta que se extendió durante todo el día.

Entre los equipos presentes se destacaron el Club Atlético San Lorenzo de Almagro, el Club Talleres de Bajo Flores, la Escuela de Fútbol Solís y la Escuelita Fútbol Club de Lugano, que llevaron a la cancha el fruto de un año de entrenamiento y esfuerzo. Más allá de los resultados, dirigentes y entrenadores subrayaron el alto nivel de juego y, sobre todo, la actitud solidaria de los chicos, que compartieron abrazos, saludos y hasta botellas de agua con sus rivales. Militello aprovechó para agradecer especialmente a Daom por abrir las puertas de sus instalaciones y albergar una propuesta que refuerza la identidad de club de barrio.

La agenda futbolera continuó con el cierre de actividades de la escuelita infantil “Les Fulbites”, un proyecto que viene ganando visibilidad por su apuesta a un fútbol no competitivo, con perspectiva de género e inclusión de las diversidades. Recientemente, la Legislatura porteña la declaró de Interés deportivo y social, distinción impulsada por el legislador (mandato cumplido) Juan Pablo O’Dezaille. El reconocimiento fue celebrado como un respaldo institucional a aquellas iniciativas que priorizan el juego, el respeto y el derecho a participar por sobre la lógica del resultado.

En el acto de cierre, familias, entrenadores y referentes barriales resaltaron el trabajo cotidiano de “Les Fulbites” para construir un espacio donde nadie se queda afuera por su identidad, su condición económica o su nivel de habilidad. Allí, entrenar significa aprender a compartir, a perder sin frustrarse y a ganar sin humillar, en una cancha donde la diversidad se vive como riqueza y no como problema. La distinción oficial se leyó como un espaldarazo para seguir sosteniendo un proyecto que, desde lo deportivo y lo pedagógico, propone otra manera de entender el fútbol infantil.

Tanto el torneo en Daom como el cierre de “Les Fulbites” dejaron una misma idea flotando en el aire: cuando el club abre sus puertas, el barrio gana en comunidad y los chicos ganan en oportunidades. Dirigentes y referentes remarcaron que “un día más en la canchita es un día menos en la calle o frente a una pantalla”, sintetizando el rol preventivo que tienen estas actividades frente al avance de consumos problemáticos, la soledad y la apatía. El fútbol, en estos casos, funciona como excusa para tejer redes de contención y acompañamiento.

Militello y los organizadores coincidieron en la importancia de apoyar a los clubes de barrio, muchas veces sostenidos con esfuerzo voluntario y recursos limitados, pero con un impacto enorme en la vida cotidiana de los pibes. Entre abrazos, diplomas, fotos de equipo y promesas de volver el año próximo, el fin de semana dejó una postal clara: mientras haya pelotas rodando y canchas abiertas, seguirá habiendo espacios donde la infancia pueda jugar, aprender y sentirse parte de algo más grande que uno mismo.

 

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